Si vosotros permaneciereis en mi palabra, sereis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Juan 8(31-32)
lunes, 28 de septiembre de 2026
watchaman Nee
Watchman Nee (nacido como Ni Tuosheng en 1903 y fallecido en 1972) fue uno de los líderes cristianos y escritores más influyentes del siglo XX en China y el mundo. A pesar de no haber salido casi nunca de su país y de pasar los últimos 20 años de su vida encarcelado por su fe, su ministerio transformó radicalmente la historia de la iglesia china y sus escritos siguen impactando a millones de creyentes a nivel global. [1, 2, 3]
Aquí te detallo los aspectos clave sobre su vida, su ministerio y su legado:
1. Su Conversión y Formación Autodidacta
Conversión Radical: En 1920, a los 17 años, se convirtió al cristianismo. Inicialmente era un joven orgulloso y brillante, pero tras una intensa lucha interna decidió rendirse a Cristo, renunciando a sus ambiciones personales de éxito académico o profesional. [1, 2, 3]
Sin estudios teológicos formales: Jamás asistió a un seminario ni a un instituto bíblico. Aprendió de forma autodidacta estudiando la Biblia rigurosamente y leyendo vorazmente cientos de libros de autores espirituales históricos (como los Hermanos de Plymouth). Tenía una capacidad brillante para discernir y memorizar el contenido profundo. [1, 2]
Influencia clave: La misionera británica Margaret E. Barber fue su mentora espiritual esencial y le enseñó a profundizar en las Escrituras y a vivir bajo la experiencia práctica de la cruz. [1, 2]
2. El Ministerio de las Iglesias Locales
En 1922 inició un movimiento de iglesias en Fuzhou, enfocado en regresar a la simplicidad del Nuevo Testamento. Su visión rechazaba las divisiones de las grandes denominaciones cristianas externas, promoviendo la unidad práctica de todos los creyentes en cada ciudad (conocido como el movimiento de las "Iglesias Locales" o "El Flujo del recobro de la iglesia"). [1, 2]
A lo largo de sus 30 años de ministerio activo, viajó incansablemente por China plantando cientos de iglesias y estableciendo decenas de miles de congregaciones antes de la llegada del régimen comunista. [1, 2]
3. El Mensaje Central de sus Enseñanzas
El Hombre Interior y la Cruz: Su predicación no buscaba un simple cambio de conducta moral, sino que el creyente permitiera que el Cristo resucitado viviera a través de él. Hablaba profundamente del "quebrantamiento del hombre exterior" para liberar el espíritu.
División tripartita: Explicaba con detalle la diferencia bíblica entre el Espíritu, el Alma y el Cuerpo. Sostenía que muchos cristianos confunden las emociones del alma (agitación, ego, autocompasión) con el fluir verdadero del Espíritu Santo en el espíritu humano. [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7]
4. Persecución y Martirio
En 1952, bajo el régimen comunista chino, fue arrestado a causa de su fe. Fue sentenciado a 15 años de prisión, pero permaneció encerrado un total de 20 años en condiciones sumamente severas.
A pesar de que su esposa también fue encarcelada y falleció poco antes que él, Nee se mantuvo firme en su fe. Murió en prisión el 30 de mayo de 1972. Tras su muerte, se encontró una nota manuscrita bajo su almohada que decía: “Cristo es el Hijo de Dios que murió por la redención de los pecadores y resucitó después de tres días. Esta es la verdad más grande del universo. Muero por mi fe en Cristo”. [1]
5. Sus Libros Más Famosos
Aunque enseñó mucho en conferencias, solo escribió directamente un tratado masivo, mientras que la mayoría de sus más de 80 libros actuales son transcripciones fieles y recopilaciones de sus sermones: [1, 2]
El Hombre Espiritual (Tomos I, II y III): Su obra cumbre, redactada mientras sufría una grave tuberculosis. Es un análisis anatómico de la vida espiritual del creyente.
La Vida Cristiana Normal: Un clásico que detalla el camino de la victoria cristiana basada en el libro de Romanos.
Sentarse, Caminar, Pararse: Una breve pero profunda exposición de la epístola a los Efesios.
Autoridad Espiritual: Un libro centrado en la sumisión a Dios y el orden dentro del cuerpo de la iglesia. [1, 2, 3, 4]
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La verdad que cuando lee estos libros se nota la diferencia entre la Religion y la obra de Cristo en la cruz por toda la humanidad, en donde se hace la obra todo por la gracia de Dios y por su poder, no como en la religion sea cual sea en la que todo depende de la fuerza humana y su voluntad, cumplimiento de normas y mandamiento para agradar, a Dios.
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Sinceramente es una nueva vida que Cristo vive en nosotros y como el apostol Pablo decia ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi, el se encarga del control y de la vida espiritual mientras nosotros descansamos vi vemos como cambia nuestros corazones y vence el en nosotros todas esas pasiones y cadenas que arrastramos todos .
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Desde niño, me críe en un ambiente
muy difícil y de mucha maldad. Recuerdo las peleas a diario que tenían mis padres, también con los vecinos
habían muchos conflictos en el barrio, y
hasta en el colegio sufría el acoso de los compañeros, fue una etapa de mi vida
muy dura.
Así que desde muy joven, me sentía
muy solo, tenía pensamientos de desánimo, de amargura,
depresión, miedos, complejos, pensamientos sobre acontecimientos del pasado,
preocupaciones por mi futuro, tenía miedo hasta de mi mismo, a perder el
control, miedo de hacerme daño, miedo al
suicidio.
Así que desde muy temprana edad, con
solo 12 años le dije a mi madre que me
llevase al psiquiatra, ya que no podía
aguantar más. Tenía miedo de los
pensamientos que tenia, que estaban continuamente bombardeando mi cabeza, y
temía incluso por mi vida.
El psiquiatra me mando, medicación
y hacer deporte, pero ninguno de estos remedios funciono, las pastillas que me
mandaban, me dejaban medio drogado, siempre estaba adormecido, pero cuando
pasaban sus efectos, volvían a aparecer los mismos pensamientos, y respecto al deporte,
practique atletismo, pero por
mucho que corría aquellos pensamientos
me perseguía a donde fuese.
Como no encontraba salida a mi situación,
comencé a buscar en libros de psicología y de autoayuda, para saber el porqué
se producían estos pensamientos y encontrar una solución.
Usaba libros de, como vencer la depresión, y también de autoayuda como, tus zonas erróneas, tus zonas mágicas, como
aprender a ser feliz, etc.… Estos libros me daban ánimo por muy poco tiempo, pero aquellos
pensamientos continuaban atormentándome, no tenía paz en mi alma.
Yo solo quería ser feliz y
encontrar alguna solución para vencer
esos pensamientos destructivos que tenía; aunque no encontré nada.
Sé que todas las personas a lo
largo de su vida los tienen, y por eso
se refugian en el alcohol, en las
drogas, en la comida, en el sexo, y en otros vicios, para evadirse de estos pensamientos y para llenar
el vacío y la soledad existencial de sus vidas.
Yo lo tenía todo, trabajo, dinero, salud, pero no le encontraba el sentido a la vida. Busque en tener experiencias nuevas, hacer amigos, tener pareja, hacer deporte, senderismo, escalada, ir de camping, estar en contacto con la naturaleza, natación, ciclismo, ir de pesca, recorrer mundo, viajar, dar rienda suelta a
mis deseos, disfrutar de todo lo que me gusta, comprarme cosas, comer , bailar en discotecas durante toda la
noche, beber alcohol hasta emborracharme, sexo, y un amplio etc.
Pero nada de esto me hacía feliz, ni daba sentido a mi vida, no llenaba
el vacio que tenía, ni quitaba esos pensamientos que me perseguían.
Al no encontrar solución a mi infelicidad me angustiaba y me preguntaba;
¿habrá alguien que pueda ayudarme?
Entonces en el año 2000 empezaron a cambiar las circunstancias de mi vida rápidamente.
Perdí el empleo por el que
tanto me había preparado; perdí la pareja con la que había planeado un futuro;
pasaron cosas muy fuertes dentro de la familia y del vecindario.Toda mi vida se
vino abajo en poco tiempo. Todos los proyectos que había hecho para mi vida
fueron destrozados.
Empecé a ver la vanidad de la vida. Pensaba, toda la vida preparándote y luchando por algo
y en nada se desvanece todo.
Llego a mi vida una convicción de
pecado muy fuerte, sentía un gran dolor por todo lo malo que había hecho a lo
largo de mi vida, me sentía egoísta, lleno de maldad y
rencor hacia muchas personas que me había hecho daño, también podía ver mi perversidad, y los vicios
en los que estaba atrapado. Estaba muy arrepentido de todo.
Al poco tiempo después, me salieron unas manchas en la piel que se extendieron más por todo el cuerpo de los
pies a la cabeza y se hicieron grandes
de un diámetro de 2 a 3 centímetros. Empezaron a producir descamación en la
piel, y a supurar pus, y a picar mucho.
Cuando me duchaba el agua caliente
caía sobre mi cuerpo y parecía como si tuviese vidrios clavados. Era muy
doloroso; todo estaba en carne viva.
Fui de urgencia al hospital “virgen de la arrixaca” en Murcia,
ya que tenía mucha fiebre.
El médico que me atendió, comentó
con su compañera que nunca había visto una manifestación así en la piel tan
fuerte y rara. Me pusieron una inyección para hacer bajar la fiebre, y me
sacaron una muestra de sangre para analizar.
Cuando salieron los
resultados de la analítica, me llamaron a una consulta en la que estaban dos
jóvenes estudiantes de medicina. Me examinaron y me hicieron preguntas sobre
mis hábitos de vida. Después fueron a consultar a un médico en la sala contigua
y yo escuché:
-“tenemos a un chico con problemas en la piel. Tiene fiebre, las
amígdalas inflamadas y su analítica muestra un 20% de linfocitos atípicos y
esplenomegalias en la piel de 2 a 3 centímetros de diámetro”.
Al rato vino el muchacho a
la consulta y me dijo de qué se trataba.
La enfermedad era un Exantema
infeccioso producido por un virus y me mandó unas pastillas y guardar reposo, y que si no hacía bien el tratamiento, podría llegar a morir porque la enfermedad
estaba muy avanzada, y el 20% de la
sangre estaba infectada por el virus.
Después cuando salí del hospital,
fui a comprar las pastillas a la farmacia. Cuando leí las instrucciones me di
cuenta de que eran para el reuma y no para aquella enfermedad.
No sabía qué hacer. Sentía mucha
impotencia, como si no fuese real lo que
estaba sucediendo; como si todo estuviese preparado. Se habían cerrado todas
las puertas de nuevo y sin encontrar la solución.
Creo que Dios lo preparó así todo
para llevarme hacia él.
A la mañana siguiente me
desperté temprano, tenía poca fiebre y estaba colocando la ropa en el armario
cuando vi un librito pequeño que habían comprado mis hermanos en la iglesia a
la que asistían.
Se titulaba, “La fe, lo que es”. Comencé a leerlo muy profundamente y me dio
mucha convicción.
La palabra de Dios y el testimonio
del autor, que también fue sanado de una enfermedad, y de parálisis en sus piernas, era la salida a
mi situación. Esto era algo nuevo para mí, la primera vez que lo escuchaba, ya
que lo que conocía como lo de Dios, solo era la religión católica y la tenía muy
descartada.
Aquellas palabras me persuadieron
a creer y a confiar en Dios y en lo que Cristo hizo en la cruz.
Estas palabras eran:
1ª de Pedro 2-24,”Quien
llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero; para que
nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia, y por cuya
herida fuisteis sanados”.
Isaías 53. 4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Estos versículos de la
palabra de Dios nos dicen una gran verdad; que Cristo ya llevó nuestras
enfermedades y dolencias al igual que el pecado, cuando murió en la cruz.
Yo tenía que creer que desde que Cristo lo llevó en la cruz yo ya estaba
sano. Tenía que creerlo de verdad; con todo mi corazón, sin dudar nada.
Así que lo primero que hice fue
tirar las pastillas que me había mandado el médico, a la papelera. Mis padres se enfurecieron y me
dijeron que si estaba loco.
Yo les dije que Cristo ya me sanó en la cruz y que no necesitaba
medicinas. Otra cosa que hice es que el médico me mandó reposo y yo hice todo lo contrario; me marché a trabajar el lunes
como siempre con fiebre y todo. Estaba creyéndole a él, que era verdad lo que dice su palabra.
Yo comencé a creer que ya estaba sano y a
darle las gracias porque el Señor Jesucristo ya me había sanado, desde que el murió en la cruz, llevando toda
enfermedad y dolencia.
Llegaban pensamientos del Diablo a mi cabeza (el Diablo, es, el que ponía esos pensamientos destructivos,
que me perseguían desde que era joven,
él es el mentiroso que engaña a toda la humanidad),
y me decía que me iba a pasar algo, que
si estaba loco, que si me iba a morir; pero mi corazón estaba persuadido de la palabra
de Dios y no hacía caso de ninguno de
estos pensamientos.
Me aferré a sus promesas con todo mi corazón y
con todo mi ser. El enemigo de toda humanidad el Diablo, siempre tratara de
hacernos dudar y de ponernos en contra de la palabra de Dios.
Lo hará con engaños con pensamientos desde nuestra mente por medio de la
duda, o de las personas que nos rodean sobre todo las más cercanas a nosotros.
Después de tres días de lucha con estos pensamientos del Diablo estaba
muy cansado, era el día de la constitución
Española, el 6 de diciembre del año 2000.
Cuando me desperté me puse a orar; a hablar con Dios y estando en la cama
acostado mirando al techo de mi habitación, le decía al señor que porqué no era
sanado.
Le dije:” yo estoy creyendo tu
palabra y entonces ¿porqué no recibo la sanidad?
Me acuerdo que le dije:” Señor
todo me ha fallado en la vida, ¿tu
también me vas a fallar?
Hubo un gran silencio.
Y después dije: Señor yo tengo voluntad pero no puedo más”.
En ese mismo instante empecé a
llorar como nunca en mi vida lo había hecho, me quebrante totalmente.
Al principio era un llanto suave pero fue aumentando tanto que sollozaba y gemía, de manera que mi
cuerpo se erguía. Era un llanto muy
profundo.
Llegó a mí una sensación de
hormigueo muy suave que se fue bajando hacia mis piernas y sentí como si me estuviesen clavando miles de
alfileres por todo el cuerpo.
La sangre empezó a circular de una
forma muy fuerte dentro de mis venas; tanto que yo la podía sentir y me quemaba. Era como fuego dentro de mis
venas.
Esto duró un buen rato y mientras
tanto no paraba de dar gracias a Dios por todo.
Le pedí que me enseñase a amar y que desapareciesen de
mi los rencores, la maldad, la perversión, y todos esos pensamientos de
depresión y tristeza que había tenido toda la vida, que el Diablo ponía en mí.
Después de aquella experiencia me sentía muy relajado, en paz, como
flotando.
No podría describir aquella
sensación tan maravillosa; era como si estuviese en el cielo.
Después me levanté y mientras
desayunábamos conté a mis hermanos lo que me había pasado. Las manchas de la
piel fueron secándose hasta que desaparecieron.
El sábado siguiente mis hermanos me invitaron a ir por primera vez a la
iglesia a la que asistían, aunque yo no quería ir porque pensaba que era una secta.
Me convencieron diciéndome que
allí habría personas que como yo, habían
tenido experiencias sobrenaturales con Dios. Yo tenía miedo porque mucha
gente no entiende estas maravillas aunque se llamen cristianos, y lleven toda
su vida en la iglesia. Pensaba que no me
entenderían.
No solo Dios me sanó de esta enfermedad, sino que también me liberó de
todo esos pensamientos destructivos que he contado que tenía durante toda la
vida.
Ahora él me ha hecho libre y no solo de esos pensamientos, sino del
pecado, el rencor, la culpa, la perversión
y de los vicios que me dominaban.
Ahora es como si hubiese una nueva vida dentro de mí, tengo paz,
tranquilidad, me siento amado, y lleno
interiormente, mis hábitos de vida
tampoco son los mismos, me gusta hacer
lo bueno, y aborrezco todo lo malo, el pecado, los vicios.
Dios ha
cambiado mi corazón, ya no veo las cosas como antes, ahora soy feliz, y he encontrado
el sentido de esta vida.
Doy gracias a Dios por tener tanta misericordia de mí y por sanarme de mi
enfermedad; por haberme dado la vida
eterna a través de Cristo no siendo yo merecedor de nada.
Él me ha hecho ver su gloria. Toda la gloria sea para Dios quien lo preparó
todo. Él es el autor y el consumador de la fe.
Pido a Dios, que este testimonio
pueda servir a muchos, que estén en la
misma situación en la que yo estaba,
para que crean en lo que Cristo hizo en la cruz, por nosotros los pecadores, dando su vida en sacrificio por nosotros y
para salvar nuestras almas.
El es el camino, es la verdad y es la vida.
Los momentos de la vida en los que estamos pasando más dificultades,
pruebas, problemas, o adversidades, son
los que Dios utiliza para que nos arrepintamos, de nuestra maldad, y reconozcamos que somos débiles, y le
necesitamos para que cambie nuestras vidas.
Dios no ha venido a condenar
al ser humano, ni a ponerle más normas o leyes, ni hacer ninguna religión.
Él ha venido a salvar su
alma o pensamientos y hacerle libre de esclavitudes del pecado y vicios que se enseñorean del ser humano, y
que no nos podemos quitarnos por nosotros mismos.